7 de junio, Día de la Bandera del Perú la verdad de la Historia

Autor: Diego Jordan Villafana Villafana

Desde que el coronel Nicolás de Piérola, cuyo verdadero nombre era Nicolás Fernández Villena, diera el golpe de estado al gobierno de Mariano Ignacio Prado, aprovechando que este se encontraba en Europa comprando buques y armamento, y se le invistiera como el Jefe Supremo de la República con carácter de dictador, la guerra del guano y el salitre iniciada en 1879 había tomado un rumbo más político que militar.

Solo para dar un ejemplo, luego del combate naval de Punta Angamos, en Mejillones, Bolivia, el 8 de octubre, el general Prado, aún presidente, había decretado cuatro ascensos mientras que Piérola decretó 200 entre diciembre de 1879 y enero de 1880, solamente a gente allegada, claramente con tintes pierolistas. El sacrificio de Miguel Grau, de Elías Aguirre y de otros valientes hombres en el combate naval no recibió el merecido reconocimiento, más bien, Piérola llamaba a Grau “héroe de segunda clase”. Según su criterio decidiría quien sería considerado héroe nacional y quién no.
Basándose en estrategias militares extranjeras, había dividido en dos al ejército que se dirigía a combatir en Arica. Un grupo, al mando del coronel Francisco Bolognesi, llegó primero al sur, y el otro, comandado por el coronel Segundo Leiva, tardaba en llegar pues esperaba el abastecimiento de pertrechos y municiones. 
Bolognesi y Leiva eran militares retirados que volvieron al servicio debido a la guerra, pero la diferencia se hallaba en que el segundo, por problemas propios de la edad y la falta de práctica, se había convertido en un hombre que premeditaba las cosas, que no daba un paso sin analizar las consecuencias, un hombre más de consejo que de acción; aun así contaba con 3000 hombres bajo su mando. Importante cantidad que hacía falta en Arica pues el número de soldados de Bolognesi era menor a 2000 y del enemigo a combatir, tres veces más.
Pero los soldados de Leiva no eran verdaderos soldados. Aproximadamente 600 habían desertado, permaneciendo 3000, que eran, en realidad, una mezcla de la guardia nacional de la ciudad, restos del ejercito derrotado en Moquegua y nuevos reclutas. Además, no contaban con uniformes completos y la mayoría ni siquiera habían llevado a cabo ejercicios de fuego y mucho menos sabían manejar las armas; rifles de marca Remington y Chassepot. En suma, la calidad como unidad militar era baja y reinaba la desorganización.
Este desorden, fue la consecuencia, posiblemente, de la rivalidad personal que tenía Piérola con el jefe político y militar de los departamentos del sur, el contraalmirante Lizardo Montero, que le venció en sus épocas de revolucionario contra el presidente Prado. Piérola decidió dar el mando político a un partidario suyo dejándole a Montero solo el mando militar. El contraalmirante, enterado de lo que sucedía con las tropas de Leiva, solicitó el abastecimiento de provisiones, pero el presidente optó simplemente por ignorarle.
Entre los ascensos de Piérola figuraba el ascenso a coronel de guardias nacionales a Agustín Belaunde, consumado pierolista y con quien mantenía comunicación constante de aspecto político. El 30 de mayo de 1880, Belaunde le envió una carta donde le informaba de lo que había escuchado acerca de los hechos previos a la batalla del Alto de la Alianza, pues él no lo había presenciado por encontrarse en Arica. La carta decía:
“Señor don Nicolás de Piérola
Muy respetado compadre:
Con el corazón enlutado tomo la pluma para, en cortas palabras, manifestarle los acontecimientos del funesto día 26. A las 6 a.m., el enemigo se presentaba a la vista de nuestro ejército. A las 10 a.m. se trabó el combate y a las 12 m. se dejó flanquear nuestro ejército por el ala izquierda, entrando el enemigo a Tacna y Montero huyendo a Pachía, según dicen con 3000 hombres; otros dicen que está en Palca, pero lo cierto, compadre, es que esos cobardes civilistas se han corrido como unos miserables, dejando nuestro país en manos del enemigo, y sin ninguna probabilidad nosotros de poder rescatar Tacna, pues el coronel Leiva, en quien teníamos esperanzas, sólo ha llegado a Torata el día 26 de éste, es decir, el mismo día que los chilenos tomaban Tacna; así que el coronel Leiva no podrá llegar ni el día 4 de junio, que aún sería tiempo de dar a los chilenos otra segunda batalla, pues dicen que no tienen sino 7000 hombres y como quiera que Leiva dicen que trae cuatro y tres que tiene Montero, podrían pues muy fácilmente vencer a los enemigos en Tacna. Yo estoy defendiendo Arica con mi batallón, que tiene 380 hombres de inmejorable gente tacneña y todos pierolistas de corazón y resueltos a morir todos antes que dejar tomar al chileno este puerto. Si nos llegasen a vencer por el número los chilenos, inutilizaríamos antes todo en Arica y si quedamos vivos algunos, nos retiraremos a juntarnos con Leiva si éste demorase por alguna circunstancia.

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